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El oro seguirá siendo un activo clave, pero la volatilidad marcará el mercado en la segunda mitad de 2026

Volatilidad, política monetaria, inflación y tensiones geopolíticas seguirán condicionando el comportamiento del oro en los próximos meses. Daniel Marburger, CEO de StoneX Bullion, explica cómo está evolucionando la demanda de oro físico y qué papel puede desempeñar este activo en una estrategia de inversión a largo plazo.

¿Existe realmente un «efecto verano» cuando se trata de invertir en oro o simplemente cambian los comportamientos y preferencias de los inversores durante esta época del año?

Históricamente, junio y julio figuran entre los meses de menor actividad en el mercado físico de metales preciosos. Muchos inversores están de vacaciones, el volumen de negociación disminuye y las decisiones de compra suelen posponerse hasta después del verano. Se trata, principalmente, de un cambio en el comportamiento de los inversores, más que de una regla fiable sobre la evolución del precio del oro.

Sin embargo, este año ha sido diferente. El oro cayó desde el máximo histórico registrado a finales de enero hasta situarse en torno a los 4.000 dólares por onza en junio, aproximadamente un 25 % por debajo del pico, mientras que la plata experimentó una corrección aún más pronunciada. Esto brindó a aquellos inversores que consideraban que los metales preciosos habían alcanzado niveles demasiado elevados una oportunidad para volver a posicionarse en oro y plata a precios más accesibles.

En StoneX Bullion observamos que una corrección significativa de los precios puede contrarrestar rápidamente la habitual desaceleración estacional. Los inversores ya posicionados aprovechan los precios más bajos para ampliar sus tenencias, mientras que los nuevos compradores encuentran un punto de entrada más atractivo. En este sentido, el efecto verano sigue existiendo en términos de actividad habitual de los clientes, pero el precio, la volatilidad y la percepción del riesgo continúan siendo los factores que más influyen en las decisiones de inversión.

Tras el fuerte interés por el oro registrado en los últimos meses, ¿qué tendencias observan para la segunda mitad del año?

Es probable que la segunda mitad de 2026 esté marcada por la volatilidad, más que por una prolongación lineal del fuerte repunte registrado anteriormente. La reciente corrección ha reajustado las expectativas y ha devuelto al mercado físico a los inversores más sensibles al precio, aunque la incertidumbre en torno a los tipos de interés, el dólar estadounidense y el contexto geopolítico sigue siendo capaz de provocar movimientos bruscos en ambas direcciones.

Estamos observando que los inversores adoptan un enfoque más disciplinado. En lugar de perseguir las subidas de precio durante los fuertes repuntes, muchos prefieren construir sus posiciones de forma gradual y aprovechar las jornadas de mayor debilidad para incrementar sus inversiones. Este comportamiento es especialmente visible entre los compradores de oro físico, cuyo horizonte de inversión es el largo plazo y no la búsqueda de oportunidades de corto recorrido.

Asimismo, el oro y la plata podrían evolucionar de forma diferente. El oro continúa estando impulsado principalmente por la política monetaria, la demanda de activos refugio y las compras de los bancos centrales, mientras que la plata combina su papel como activo monetario con una importante demanda industrial, lo que suele traducirse en una mayor volatilidad. La reciente corrección ha generado nuevas oportunidades, aunque los inversores deben esperar un mercado irregular y cambiante, más que un entorno de estabilidad.

Cada vez más ahorradores particulares muestran interés por los metales preciosos. ¿Qué está impulsando este cambio y qué perfil tiene hoy el inversor que compra oro físico?

Son varios los factores que explican esta tendencia. La reciente experiencia inflacionaria ha recordado a los ahorradores que el poder adquisitivo del dinero en efectivo no está garantizado. A ello se suman los elevados niveles de endeudamiento público, la incertidumbre geopolítica y las dudas sobre la estabilidad a largo plazo de las principales divisas, factores que han llevado a muchas personas a destinar parte de su patrimonio a un activo que no depende de la solvencia de una empresa o de una entidad financiera.

Al mismo tiempo, la inversión en metales preciosos físicos se ha vuelto mucho más accesible. Hoy los inversores pueden comparar fácilmente precios, primas, especificaciones de los productos, opciones de entrega y condiciones de recompra a través de internet. Esta mayor transparencia ha ampliado el mercado más allá del perfil tradicional de grandes patrimonios.

Actualmente, el inversor en oro físico está cada vez mejor informado, se siente cómodo operando en entornos digitales y toma sus propias decisiones de inversión. Junto al tradicional perfil orientado a la preservación del patrimonio, observamos una creciente presencia de profesionales jóvenes, emprendedores, familias e inversores que realizan sus primeras compras, generalmente mediante adquisiciones progresivas de lingotes y monedas de inversión ampliamente reconocidos. Este interés es un fenómeno global: la demanda de lingotes y monedas aumentó un 42 % interanual durante el primer trimestre de 2026, alcanzando el segundo nivel trimestral más elevado de la historia.

¿Qué papel puede desempeñar el oro dentro de una estrategia de diversificación patrimonial a largo plazo, incluso para quienes están comenzando a invertir?

El oro no debe considerarse un sustituto de las inversiones productivas, como la renta variable, ni genera intereses o dividendos. Su función es distinta: puede actuar como un elemento estabilizador dentro de una cartera diversificada y como una reserva de valor a largo plazo capaz de preservar el poder adquisitivo.

Además, el oro físico posee una característica diferencial. Cuando se adquiere en propiedad y se almacena de forma segura, su valor no depende de la promesa de pago ni de la solvencia de un emisor corporativo. Esta cualidad puede resultar especialmente valiosa en periodos de tensión en los mercados financieros, debilitamiento de las divisas o incertidumbre geopolítica.

Para quienes comienzan a invertir, el objetivo no debería ser encontrar el momento perfecto para entrar en el mercado. Resulta más sensato definir primero cuál es la finalidad de la inversión, comenzar con una cantidad asumible e ir incrementando la posición de forma gradual. Asimismo, conviene priorizar productos ampliamente reconocidos, precios transparentes, sistemas de custodia seguros y un mercado de recompra fiable. El oro ofrece mejores resultados cuando se entiende como un seguro financiero a largo plazo y no como un instrumento para obtener beneficios rápidos.

Si tuviera que señalar los tres factores clave que determinarán la evolución del mercado del oro en los próximos meses, ¿cuáles serían y por qué?

En primer lugar, la política monetaria, los tipos de interés reales y la evolución del dólar estadounidense. El oro no genera rendimientos periódicos, por lo que los cambios en la rentabilidad de la renta fija y en las expectativas sobre la política de los bancos centrales influyen directamente en el coste de oportunidad de mantener este activo. Un dólar fuerte suele ejercer presión sobre el precio del oro, mientras que una caída de los tipos de interés reales o la expectativa de una política monetaria más acomodaticia tienden a favorecerlo.

En segundo lugar, la incertidumbre geopolítica y fiscal. Los conflictos militares, las tensiones comerciales, el aumento de la deuda soberana y las dudas sobre la credibilidad de las principales divisas pueden incrementar la demanda de oro como activo independiente de las obligaciones financieras de un gobierno o institución concreta.

En tercer lugar, el comportamiento de los bancos centrales y de los inversores. Las compras por parte de los bancos centrales se han consolidado como una fuente estructural de demanda, mientras que los flujos hacia los ETF respaldados por oro, el posicionamiento en los mercados de futuros y las adquisiciones de lingotes y monedas físicas pueden determinar la dinámica del mercado a corto plazo. Por ello, el equilibrio entre la acumulación estratégica y la toma de beneficios será un factor decisivo durante la segunda mitad del año.

En conjunto, estos elementos apuntan a que el oro seguirá desempeñando un papel relevante en los mercados financieros. No obstante, esa relevancia no implica una trayectoria de precios permanentemente alcista. Los inversores deben estar preparados para afrontar correcciones significativas y periodos de consolidación, incluso dentro de una tendencia estructuralmente favorable a largo plazo.

Bárbara

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