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Los microplásticos entran en la agenda de la industria este nuevo curso: medir, entender y actuar antes de que llegue la obligación

Los microplásticos están dejando de ser únicamente un contaminante emergente objeto de investigación científica para convertirse progresivamente en una cuestión de gestión ambiental, control de procesos y anticipación regulatoria para la industria. Por eso, este nuevo curso, es una materia importante.

Y es que la evolución del marco europeo apunta hacia un mayor conocimiento y control de la contaminación por plásticos a lo largo de todo su ciclo de vida. En los últimos años, la Unión Europea ha aprobado medidas dirigidas, entre otros ámbitos, a restringir determinados microplásticos añadidos intencionadamente a productos, prevenir las pérdidas de pellets de plástico durante su fabricación, manipulación y transporte, e impulsar el ecodiseño, la circularidad y una mejor gestión de los residuos plásticos.

Esta evolución también alcanza al ámbito del agua. así, la nueva regulación europea sobre aguas residuales urbanas incorpora la monitorización de microplásticos en determinadas instalaciones y matrices, mientras que en el ámbito del agua de consumo ya se ha establecido una metodología europea para su medición.

Para Captoplastic, esta tendencia plantea un nuevo escenario para las empresas que utilizan agua en sus procesos: conocer no solo cuánto agua entra y sale de una instalación, sino también qué ocurre con los microplásticos a lo largo del proceso, de dónde proceden y a qué corrientes terminan transfiriéndose.

“Los microplásticos están pasando de ser una cuestión principalmente científica a convertirse también en una cuestión de gestión ambiental y regulatoria. Para una empresa, empezar a medir ahora significa generar una línea base, entender su proceso y poder tomar decisiones con datos antes de que aparezcan nuevas exigencias”, señala Ismael Olmedo, CEO de Captoplastic.

Del dato aislado al balance de microplásticos

Uno de los principales retos para la industria no consiste únicamente en detectar la presencia de microplásticos, sino en convertir la medición en información útil para la toma de decisiones.

En este sentido, Captoplastic recomienda abordar el diagnóstico mediante un balance de microplásticos de la instalación, siguiendo una lógica similar a la utilizada para analizar los consumos de agua u otros contaminantes.

Este enfoque requiere analizar diferentes puntos estratégicos del proceso: el agua de entrada, las etapas en las que pueden incorporarse o generarse partículas, los efluentes finales y, cuando resulte relevante, los lodos u otras corrientes de salida en las que los microplásticos puedan concentrarse.

Además de la concentración, la interpretación de los resultados debe tener en cuenta los caudales, permitiendo estimar las cargas y conocer cuánto material está circulando realmente por la instalación. Dependiendo del objetivo del estudio, también puede ser relevante caracterizar aspectos como los polímeros presentes, el tamaño o la morfología de las partículas.

“Analizar únicamente el vertido final puede decirnos cuánto encontramos en un determinado punto, pero no necesariamente nos explica qué está sucediendo dentro de la instalación. La clave está en construir un mapa que permita diferenciar lo que entra con el agua, lo que puede generarse durante el proceso y lo que finalmente sale por cada una de las corrientes”, explica Olmedo.

Este conocimiento permite pasar de una fotografía puntual a una visión dinámica del comportamiento de los microplásticos dentro de la instalación, identificando posibles fuentes y puntos críticos sobre los que actuar.

El reto industrial: no solo detectar, sino saber dónde intervenir

Aunque actualmente existen tecnologías capaces de detectar y cuantificar microplásticos, el siguiente desafío para las empresas es determinar dónde tiene sentido intervenir y qué estrategia de reducción resulta más eficiente.

Desde Captoplastic defienden una aproximación escalonada basada en tres pasos: medir, entender y actuar.

La primera fase consiste en caracterizar la situación y localizar las principales fuentes. A partir de ahí, pueden evaluarse diferentes alternativas, desde medidas preventivas y modificaciones u optimizaciones del proceso hasta tecnologías específicas de separación y captura.

Esta aproximación resulta especialmente relevante porque la respuesta no tiene por qué encontrarse siempre en un tratamiento al final de línea. En determinados procesos, actuar sobre el punto donde se generan o incorporan los microplásticos puede ser más eficaz que intentar capturarlos una vez que se han distribuido por toda la corriente de agua.

“Una concentración al final de una instalación es un dato. Varios puntos de análisis, interpretados junto con los caudales y el funcionamiento del proceso, pueden convertirse en conocimiento para decidir. Por eso hablamos de medir, entender y actuar”, apunta el CEO de Captoplastic.

Una cuestión que afecta a más sectores que los directamente vinculados al plástico

La exposición a los microplásticos es especialmente evidente en actividades relacionadas con polímeros, fibras y materiales sintéticos, como la industria textil, la fabricación y transformación de plásticos, el reciclaje o determinadas actividades vinculadas al caucho y otros materiales poliméricos.

Sin embargo, el alcance del desafío es más amplio. También puede resultar relevante para cualquier industria que utilice grandes cantidades de agua, emplee materiales poliméricos en sus procesos o genere corrientes de agua, lodos u otros residuos que posteriormente sean vertidos, tratados o valorizados.

Para estas empresas, anticiparse puede permitir generar una línea base propia y comenzar a acumular conocimiento antes de que una obligación normativa concreta haga necesaria la caracterización.

“Si una compañía empieza a estudiar los microplásticos únicamente cuando aparece una exigencia específica, tendrá que resolver al mismo tiempo tres cuestiones: dónde se generan, cómo medirlos y cómo reducirlos. Empezar antes permite separar esas fases y tomar decisiones con mucha más información”, señala Olmedo.

A la dimensión regulatoria se suma además una creciente presión vinculada a la sostenibilidad, la economía circular y las exigencias ambientales de clientes y cadenas de suministro. La capacidad de conocer y demostrar qué sucede con determinados contaminantes dentro de un proceso puede convertirse así en un elemento adicional de preparación y diferenciación para las compañías.

De la caracterización a la captura a escala industrial

La evolución tecnológica permite ya avanzar desde el diagnóstico hacia la implementación de medidas de reducción y captura.

La recomendación de Captoplastic para las empresas que quieran comenzar a gestionar los microplásticos presentes en sus aguas es iniciar una campaña de caracterización de la instalación, analizando distintos puntos del proceso para identificar las principales entradas, posibles zonas de generación y vías de salida.

Con esta información, es posible determinar dónde resulta más eficiente actuar y evaluar soluciones adaptadas a las condiciones reales de cada instalación.

Captoplastic combina tecnologías de monitorización y captura de microplásticos en agua, trabajando desde ensayos y plantas piloto hasta soluciones orientadas a mayores caudales. Este planteamiento permite evaluar en condiciones reales la capacidad de reducción y obtener información para el posterior dimensionamiento de soluciones industriales.

En definitiva, “no es necesario esperar a que exista una obligación específica para empezar. Hoy una empresa ya puede medir, entender dónde está el problema y evaluar una solución. El objetivo no es simplemente saber que hay microplásticos, sino generar la información necesaria para reducirlos de forma eficaz”, concluye Ismael Olmedo.

Bárbara

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