Una caricia para la marquesa

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Despierta la Navidad a caricia, que no golpe, de portada de ¡Hola!. Y digo caricia porque, en ella, Isabel Preysler y Tamara Falcó levantan sonrientes la copa dulce de la vida en un año en el que quien más, quien menos, ha digerido el trago amargo del adiós.

Alguien dijo que «madurar es aprender a despedirse». Y a fe que todos hemos crecido en este 2020 que nos recordó la fragilidad del ser. También Tamara, que empezó el año como una joven más de treinta y tantos en expectación de destino y afronta 2021 con los felices cuarenta en el horizonte -que sumar años es siempre un don-, la casa de sueños por ocupar, la conquista ya alcanzada del amor y el marquesado de Griñón en su haber. ¿Privilegios del título? Pocos más aparte del orgullo de ser hija de Carlos Falcó, siempre señor, que tanto trabajó en favor de la marca España. 

Posee la nueva marquesa una naturalidad innata con cierto acento inocente que genera una aceptación generalizada en quienes la descubren, ya sea a través de una entrevista en El Hormiguero, promocionando Castilla-La Mancha o cocinando en Masterchef Celebrity. Cae bien. Tiene charm. Por eso, no es de extrañar que firmas y productoras pujen al alza por contar con su imagen.

Sin ir más lejos, esta misma semana protagoniza un spot de Amazon Prime Video España en el que promociona la serie El Cid repasando la genealogía de Fernando el Magno. Días atrás, sorprendía compartiendo en su perfil de Instagram algunas fotos de tarde dominical en pijama, junto a su perrita Jacin. Un gesto propio de una mujer de su tiempo. Del presente y del futuro. Una mujer que, en el fondo, siempre será la niña de los ojos de su padre y que espera del Año Nuevo nuevas rosas pero ya no más espinas.