Fernando Botero: 60 años de genialidad

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El artista colombiano Fernando Botero cumple sesenta años de trayectoria y el Ayuntamiento de Madrid ha querido festejar este hecho con una exposición monográfica albergada por Centro Centro (Palacio de Cibeles) en la que se repasan los temas más característicos de su obra y las distintas influencias que han calado en el estilo del pintor de Medellín. La muestra, comisariada por Cristina Carrillo de Albornoz con la colaboración de Lina Botero, se podrá visitar hasta el próximo 7 de febrero. Botero llegó a la pintura a través de la tauromaquia pues su afición a la tauromaquia le llevó a iniciarse con acuarelas en las que dejaba plasmadas distintas escenas y detalles propios de la cultura taurina. Hoy es, sin embargo, uno de los artistas más cotizados de toda América Latina. Comenzó su carrera como ilustrador en el periódico El Colombiano y, aunque tardó algún tiempo en encontrar un estilo propio, sus obras pronto comenzaron a mostrar una identidad inconfundible y siempre coherente.

La forma en que trata el volumen es uno de sus rasgos más reconocibles y guarda concordancia con otros artistas que, a este lado del charco, proponían también en el momento de su eclosión otra nueva figuración como es el caso de Fellini o Bacon. Colombiano universal, Botero ha volado alto alrededor del mundo pero manteniendo de alguna forma las raíces que lo ligan a la cultura y tradiciones de su país. Para entender la solidez de su producción -en la que usa el color con gran maestría- es necesario entrar a fondo en sus motivaciones pues, aunque en un principio pueda parecer que hay en él una intención burlesca, nada más lejos de la realidad. Su trabajo se asienta sobre convicciones y refleja las influencias de sus vivencias en países como México, Italia, España o Estados Unidos en distintos momentos de su vida. No obstante, también es un hecho que el humor es importante para entender su arte pues, este está afectado por una cierta visión irónica que si bien puede ser el complemento ideal en la temática circense, representa un elemento un tanto transgresor al tocar aspectos como el toreo o la religiosidad.

Su apuesta por el arte figurativo y clara oposición a cuanto significa lo abstracto le granjearon, durante los primeros compases de su estancia en New York, no pocos enemigos y complicaciones, pero se mantuvo firme y el paso de los años ha terminado por darle la razón. Comenzó a desarrollar su faceta como escultor en la década de los años setenta. Tiene su inspiración fundamental en el arte monumental tan propio de la cultura egipcia. Aunque más que en el tamaño, su preocupación está en las proporciones. Según él mismo ha confesado, “el secreto de la monumentalidad de una escultura reside en si esta es capaz de vencer en su lucha con el espacio, de imponerse”. Es, de alguna manera, la materialización de la aspiración tridimensional de su pintura. Hoy, su estilo sigue generando controversias mientras que también aumenta exponencialmente su cotización. Botero celebra la vida a través de su pintura y nosotros celebramos a Botero.