El triunfo del flamenco en Nueva York

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Con una gran ovación fue recibido este pasado viernes por la noche en Nueva York el estreno de «¡Viva!», el espectáculo flamenco con perspectiva «queer» en el que Manuel Liñán rompe los roles de género y celebra la libertad de ser uno mismo.

El espectáculo, una de las estrellas del Flamenco Festival en su retorno tras la pandemia, llenó la histórica sala del New York City Center, a una cuadra del Carnegie Hall, donde se escuchaba español con muchos acentos entre la larga fila de asistentes.

Antes de abrirse el telón, el director del festival, Miguel Marín, salió brevemente para agradecer al público su fidelidad a la cita, que cumple dos décadas en la Gran Manzana, y bromeó con que esta edición «empezó en febrero de 2020 y termina este domingo, casi como una boda gitana».

Se desató entonces el torbellino de sentimiento, desparpajo y humor encarnado por los siete bailaores travestidos que interpretan «‘¡Viva!» junto al ganador del Premio Nacional de Danza (2017): Manuel Betanzos, Jonatán Miro, Hugo López, Miguel Heredia, Víctor Martín y Daniel Ramos.

Todo comenzó con una saeta introductoria en la que el foco caía sobre uno de los bailaores, enfundado en un vestido rojo, y continuó a lo largo de dos horas tocando diferentes palos del flamenco, incluyendo bulerías, un divertido fandango con aires de soleá y una milonga final.

Entre «olés» y aplausos espontáneos que rompían el silencio o se perdían bajo la desgarradora voz de dos cantaores, los artistas bailaron y taconearon con energía haciendo suyo el escenario mientras agarraban y agitaban los volantes de sus vistosos conjuntos de colores.

Entre los actos que componían la obra, destacó la divertida «Canción del mariquita» y el último número, «Percusión Amalgama», que pasó de una danza junto una guitarra desnuda a una cautivadora coreografía en la que los protagonistas se desnudaron metafóricamente.

Trajes blancos de lunares con cola y mantones de Manila con flecos azules dejaron paso a fajines, sujetadores de color carne o camisas blancas sueltas, y después los siete bailaores, mirando al frente y manteniéndose serios, se liberaron del maquillaje y las pelucas.

Mostrándose sin adornos después de desafiar los estereotipos del mundo flamenco, los artistas fueron vitoreados por el público que se puso de pie y se mostró especialmente emocionado Liñán, quien se puso a bailar de alegría entre sus compañeros mientras caía el telón.