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Francisco Rivera: «Un hombre vale lo que vale su palabra»

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Tiene los andares, las formas, los gestos y la mirada de quien sabe enfrentarse a la vida y a la muerte. Sonríe con sinceridad, aunque siempre precavido ante cualquier periodista. La vida le ha enseñado que no se puede fiar demasiado de los profesionales de la comunicación. Estrecha firme la mano al saludar mientras mira de forma directa y casi desafiante a los ojos. Se le notan las tablas al posar ante el fotógrafo. La cámara le quiere. Después de las primeras preguntas se relaja. Se ha dado cuenta de que -como en todas partes- hay gente buena y no tan buena.

Hace tiempo que disfruta del merecido descanso del traje de luces, aunque conserva su corazón torero. Pero, desde hace algún tiempo, lo compagina con el de empresario. Y triunfa con un Don Angus, un negocio de hamburguesas. Pero no cualquiera, de calidad, de primera, de ganado conocido. Francisco Rivera nos cuenta eso… y mucho más.

¿Qué le hace saltar al negocio de las hamburguesas, sobre todo cuando ahora parece que la tendencia es la verdura, y lo vegano va ganando terreno?

Esto nació por una serie de coincidencias. Soy un enamorado del angus; creo que es la raza de más calidad junto con el wagyu conocí a mi socio Dionisio -somos amigos desde hace mucho tiempo, y llevamos haciendo cosas juntos desde hace años– y al conocerlo surgió la idea de hacer una hamburguesa de calidad. A mí me gustan mucho las hamburguesas, y me propuse hacer una hamburguesa de angus, de calidad, de las buenas, rompiendo un poquito con lo que hay ahora en el mercado. Hablamos de la calidad de la materia prima, de las cosas que se hacen hoy día, y vimos que había un hueco; y la verdad es que con el conocimiento que tengo del ganado, del campo  y la verdad es que nos ha salido un proyecto bonito, un producto de calidad, fíjate que yo le doy estas hamburguesas a mi hija. Y creo, sinceramente que el mercado está falto de productos de este estilo que te den seguridad, y lo que te estás comiendo es angus, criada en libertad, sin añadidos de ningún tipo, totalmente sanas, por decirlo de alguna forma.

¿Es más duro enfrentarse a un toro de 650 kilos, o intentar vender 650 kilos de hamburguesas?

Bueno, es verdad que el mercado está muy copado, está todo inventado: pero contamos con una ventaja: yo diría que tenemos la hamburguesa de más calidad del mercado, sin ninguna duda. Históricamente a la hamburguesa se le ha echado todo lo que no se quería, en nuestro caso le echamos el delantero y también la aguja, vamos, que le estamos echando parte de lo mejor de la carne, hombre, si echáramos el solomillo sería mejor aún, pero no llegamos a ello todavía. Vemos que el mercado está muy copado de hamburguesas, de distintas marcas de hamburguesas, pero de la calidad de la nuestra no hay ninguna. Y además nosotros controlamos la ganadería, controlamos los acuerdos que tenemos con los ganaderos, cerramos todo el ciclo: desde que nace, se sacrifica, fabricamos la hamburguesa hasta que llega al consumidor. Hemos ido por la calidad, por la línea de calidad y no de la cantidad.

¿Sigues llevando como máxima en tu vida que “un hombre vale, lo que vale su palabra»?

Sí, sin duda. Esa es una frase que yo escuchaba a mi padre, y yo creo que es fundamental. Hoy en día casi tienes que ir con un notario al lado; pero yo sí creo en la palabra dada… pero así me he llevado los golpes que me he llevado tan grandes, pero bueno, yo creo que –cuando alguien te falla– el culpable es el que falla, no tú por confiar. Ahí lo llevo yo, para adelante, como puedo.

Hijo, nieto, hermano de torero, ¿estaba predestinado a ser torero?

En mi casa yo me he criado en el toro, igual que mis hijos; para mí ha sido mi hábitat natural desde bien pequeño. El campo y el toro bravo. Lo que pasa es que yo tuve mucha suerte, porque desde pequeñito sabía que quería ser torero. Y luego he tenido la inmensa suerte de ser torero; quitando a mi mujer y a mis hijas, es lo mejor que me ha pasado en esta vida.

¿La perseverancia es fundamental para ser torero?

Ahora que ya conozco bien el toreo, si viene alguien y me dice: “quiero ser torero, yo voy a ser torero” pienso lo que hubiera pensado mi abuelo: «¡este está chalao!». El toreo es una profesión muy, muy exigente, muy dura, a veces muy ingrata; necesitas una constancia y una dedicación y un no conformismo, en fin son muchas las cosas necesarias para ser torero, unas innatas otras trabajadas, pero si te falta una no llegas. En esa conversación con mi abuelo, para decirle que quería ser torero, Dios me iluminó, y le dije que quería “intentar” ser torero, y entonces mi abuelo se dijo “pues no debe ser tan tonto como parece, ¿no?”.

¿El mundo empresarial le da más satisfacciones que los toros?

Nada en esta vida me va a dar más ale-rías que los toros; no hay nada, ninguna posesión, ningún trabajo que llegue, siquiera, a parecerse a darte las sensaciones que te da cuajar un toro en una plaza importante. Nada. Eso ya queda para mi, mi recuerdo, pero ya te digo yo que nada se puede comparar a eso.

¿Continúa durmiendo con la luz encendida?

Bueno, sí, que me da miedo la oscuridad. Sigue todo igual (se ríe).