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La Casa de las Cabezas: de Alcázar y antigua sinagoga a hotel de lujo

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A escasos 100 metros de la Mezquita de Córdoba se esconde la Casa de las Cabezas, un edificio con más de 1.000 años de antigüedad, que respira historia y que sirve como ejemplo para explicar parte de la historia urbanística de Córdoba. La vivienda cuenta con un adarve o calleja, muy típica en la ciudad andaluza, que ha resistido al paso del tiempo y a la modernización de la localidad.

El nuevo hotel estará disponible a partir del 1 de Abril. «Podréis disfrutar de una experiencia única con familiares, amigos y clientes: alojaros con todo lujo en una casa y patios señoriales con mucha historia junto a la Mezquita Catedral de Córdoba», señala Ramos. El establecimiento contará con cuatro suites únicas y evocadoras del gran legado cultural que atesora la Casa de las Cabezas: la Suite Almanzor, la de los Siete Infantes De Lara, la Suite doña Lambra y la del Señor de Salas. Cada una de ellas permitirá a los huéspedes gozar de gran independencia dentro de la Casa.

«Para gozar de inolvidables tertulias dispondréis de la sinagoga, la sala del Estrado, la de las Callejas, la Bodega o la cocina de Invierno y la de verano. Todo ello sin olvidar sus espacios increíbles y maravillosos patios y su soleada terraza con vista a la Mezquita», asevera el antiguo director del museo reconvertido en hotel.

La historia de la Casa de las Cabezas

El relato de la Casa de las Cabezas se remonta al año 1000. La tradición de Córdoba habla de que era una propiedad de un Alcázar de Almanzor, donde la leyenda cuenta que estuvo preso el padre de los siete infantes de Lara, llamado Gonzalo Gustioz, un conde castellano que queda atrapado en Córdoba por orden de Almanzor. “El nombre que le damos al inmueble no es uno comercial que le hayamos puestos nosotros, sino que obedece al nombre que se le concede a la casa desde el siglo XV, cuando el historiador, Ambrosio de Morales, nos habla de ella”, afirma Ramos, director de la Casa de las Cabezas.

Flanqueada por la hondura de su estrechísimo callejón de origen musulmán, la Casa no sólo nos ofrece uno de los rincones más emblemáticos de Córdoba, sino que nos sumerge en una atmósfera en la que se trenzan la historia y la leyenda; y nos traslada a aquella España herida de contradicciones, en la que, a pesar de salir de la Edad Media, el estilo mudéjar seguía impregnando patios y estancias.

Pero ¿cuál ha sido la evolución de este histórico inmueble? La realidad es que en su interior se pueden encontrar desde restos romanos hasta una supuesta sinagoga judía. “Después de la Edad Media, al principio de la Edad Moderna, sabemos que la casa perteneció a un influyente comerciante de origen judío convertido al cristianismo llamado Juan de Córdoba Membreque, aunque todos lo conocían como Juan de las Cabezas”, narra Ramos.

Aunque quizás lo más sorprendente de este edificio se esconde en los sótanos. “Durante el proceso de rehabilitación encontramos un misterioso pilón que se cargaba de agua todas las noches, a pesar de nuestros intentos por vaciarlo todos los días. No entendíamos muy bien su significado hasta conocer el triste final de Juan de Córdoba, que fue sentenciado junto a 107 personas más en el mayor auto de fe en la historia de la Inquisición, el 22 de febrero de 1504. ¿El motivo? Ocultar en casa una supuesta sinagoga donde venían a orar los judíos. Todo hace indicar que ese pilón es una bañera ritual, algo de lo que no existe precedente en todo Córdoba”, señala Ramos.

Tras este acto de fe, la casa es derribada por orden del inquisidor general, porque considera que es una sinagoga, y su historia se pierde en el tiempo hasta el siglo XIX. “Por aquel entonces, la casa pasa a pertenecer a una iglesia y luego se convierte en una casa de vecindad o corrala para acoger a gente venida del campo, perdiendo su esplendor como casa de abolengo o señorial”, narra su actual propietario.

El tesoro judío

El inmueble permanece bajo estas características hasta finales del siglo XX, cuando la adquiere una persona que está convencida de que la casa esconde un tesoro judío. “Este señor se dedicó a excavar túneles por la noche para encontrar este tesoro, hasta que un día los cimientos de las casas vencieron. Hasta el año 2007, que es cuando la compro y la reformo, es un edificio repleto de escombros, de animales, de suciedad…”, apunta Ramos.

La rehabilitación de la vivienda dura siete años, hasta el 2014, momento en el que abrimos con la actividad de un museo. “Yo la compro porque tengo pasión por la ciudad de Córdoba, por su milenaria historia y porque no entendía como una casa con este pasado podía estar en este estado. Mi intención con la apertura de este museo era plasmar cómo vivía una familia de cierto nivel de la Córdoba de la Edad Moderna: qué elementos utilizaban, que costumbres habían permanecido desde el tiempo de los musulmanes…”, asevera.