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La luz mediterránea viaja en 94 obras por 120 años de modernidad en España

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La luz del Mediterráneo que plasmaron, con sus costumbres, su luminosidad, sus paisajes y sus claroscuros, pintores valencianos y catalanes como Fortuny, Sorolla, Benlliure, Casas, Rusiñol o Tàpies se convierte en el hilo conductor de una exposición que repasa y explica 120 años de modernidad en España.

«Caminos de modernidad 1860-1980. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza» podrá verse en exclusiva desde este miércoles y hasta el 18 de septiembre en la sede de Fundación Bancaja, en Valencia, fruto de la colaboración entre esta institución cultural y la colección de la baronesa y, en concreto, su museo de Málaga.

A través de 94 obras -82 de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza y 12 de la Colección Fundación Bancaja-, la exposición viaja a través de los diferentes movimientos artísticos (pictóricos en su inmensa mayoría, aunque también hay espacio para la escultura y la arquitectura) de esas doce décadas para contextualizar el desarrollo propio del país, basado a finales del XIX aún en el ruralismo y que dio un giro sociocultural por las revoluciones burguesa e industrial.

Comisariada por la directora artística del Museo Carmen Thyssen de Málaga, Lourdes Moreno, y la técnica de Cultura de Fundación Bancaja Mar Beltrán, esta mirada retrospectiva ofrece al visitante cinco etapas de un viaje (sobre todo paisajístico) por la evolución constante del arte en España, en ocasiones con sutiles innovaciones y en otras con rupturas totales con etapas anteriores.

 

MELANCOLÍA Y REALIDAD

Romanticismo y naturalismo presiden la primera parte de ese viaje, que se basa en pintores catalanes y valencianos desde 1860 porque fueron quienes eligieron el paisaje como fuente directa de inspiración y vía para canalizar el desarrollo de la pintura moderna, alejada de los caballetes de salón y los cánones academicistas, como ha explicado este martes Lourdes Moreno.

En esa etapa destaca especialmente el catalán Ramón Martí Alsina con sus estampas marinas, acompañadas por obras de Joaquim Vayreda, Modest Urgell i Inglada y Ricard Urgell i Carrera, todas ellas con un poso crepuscular, que en «Amenaza de naufragio», de José Navarro, adquiere aún más dramatismo y espectacularidad.

 

Y SE HIZO LA LUZ

Mariano Fortuny es el protagonista de la siguiente parada («Preciosismo y luminismo») y las nubes previas dejan paso a todo el sol del Mediterráneo, no solo costero sino también de fiestas populares como los toros, el carnaval (de José Benlliure), una acampada campestre (de Baldomer Galofre) y un viaje por Venecia o por el monte de Eliseu Meifrèn, cuyo imponente «Puerto de Barcelona» se erige como uno de los cuadros clave de toda la exposición.

En estas salas destacan también las playas de Joan Roig y el poso parisino que caló en Francesc Miralles, así como la luz valenciana que inmortalizaron Joaquín Sorolla (aquí en pequeño formato) y su discípulo José Navarro.

 

EL TRIUNFO DEL MODERNISMO

«Interior al aire libre», uno de los cuadros más recordados de Ramón Casas, es otro de los hitos de esta exposición como perfecto embajador de las mejores virtudes del modernismo pictórico, con su dominio de la luz mediterránea en un ambiente doméstico de pleno relax, con su pareja protagonista en un instante de placidez individual, de sobremesa y silencio cómplice.

En esta etapa pueden disfrutarse obras de Santiago Rusiñol, Joan Cardona y Lluís Graner, mientras «Le Paon Blanc» (1904, obra de Hermen Anglada-Camarasa) preside la muestra y su imagen gráfica por cuanto representa de innovación para la época, tanto por inmortalizar a una mujer liberada como por la composición del cuadro y su técnica de esmaltado con grandes trazos de color para resaltar la decoración alrededor de la figura principal, como ha resaltado Mar Beltrán.

Las comisarias han subrayado el breve pero intenso papel que han querido plasmar en esta exposición de la arquitectura modernista en Barcelona y Valencia, pues supuso una ruptura estilística tan marcada e influyente gracias a sus edificios, estaciones, mercados y «palacios burgueses» frente a las líneas que previamente marcaban los poderes aristocrático y religioso.

La muestra se completa con obras que viajan del «noucentisme» (Joaquín Torres-García, Josep Puigdengolas y, sobre todo, Joaquim Sunyer junto a esculturas de Pablo Gargallo y Manuel Hugué) a las vanguardias, con Modest Cuixart, Antoni Tàpies, Manuel Gil y Miquel Barceló, cuya «La pêche» (1984) cierra el recorrido, cuyo hilo musical son los acordes de Satie que acompañan al documental sobre los hitos arquitectónicos del modernismo mediterráneo.

El responsable de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Guillermo Cervera, ha subrayado este martes que las puertas están «siempre abiertas» a nuevas colaboraciones con Fundación Bancaja, cuyo presidente, Rafael Alcón, ha defendido la «amistad y confianza» que rigen las relaciones entre ambas entidades.