,

Musa de la luz

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Ha tenido lugar en estos días el lanzamiento de un vídeo con el que se va a promocionar la provincia onubense como destino turístico. Es una producción realizada por GO! Eventos y Comunicación, la empresa dirigida por Javier Villa y Laura Sánchez. Un acierto a tenor del resultado final.

Laura ha sido y es embajadora incansable de su tierra. Acaso porque, a la par que ha volado alto para dar «a la caza alcance» en la persecución de sus sueños, no ha permitido que sus raíces perdiesen el sustrato del sol y la sal. Nunca se borró de sus ojos -aunque estuviese en París o Milán– el reflejo del Muelle del Tinto cuando el día ya se hace noche entre luces de fuego y azules. Habrá de llegar un momento en el que -a fuerza de hacer de su vida un pregón de ese lugar de Andalucía- terminen refiriéndose a ella como Laura la Choquera, igual que a Rocío le decían la Chipionera. David Ascanio, que hace ya más de una década pone letra y notas a la vida de la top de la eterna sonrisa y con el cual comparte sus noches y sus días, ha sido junto a Pedro Roncero el responsable de la parte sonora de este trabajo.

También durante esta semana y organizada por Villa y Sánchez se está celebrando, en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla y en Youtube, la novena edición de la pasarela We Love Flamenco. No son tiempos de ferias, ni de volantes. Sí de romerías, pues buena falta hace la ayuda de lo divino -además del trabajo humano- para salir de este atolladero social y económico. Sin embargo, se hace necesario apoyar y proteger la moda flamenca que tiene la capacidad de hacer soñar como rasgo característico y alberga una industria mucho más seria de lo que imaginan quienes ejercen lo que Joaquín Sabina llama andalucismo profesional. Es decir, los que se acuerdan del sur de España sólo para contar chistes cuando la medianoche ya ha pasado, se ve el fondo de la botella y en el vaso únicamente quedan los hielos.

Al menos, siempre nos quedará Huelva. Y Laura, musa de la luz.