Seguramente muchos de los que estáis leyendo esto habéis estado alguna vez (o muchas) de vacaciones en Portugal: el mirador de Santa Justa en Lisboa, las playas de arena blanca del Algarve, los puentes de Oporto, los pastéis de nata, ¡el fado! Es un país que creemos conocer muy bien, pero también un encantador vecino del que solo conocemos la parte más visible pero que tiene mucho por descubrir. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el verdadero encanto del país luso está lejos de los lugares más fotografiados. ¿Hace una escapada distinta este verano?
Muchas familias y viajeros se están replanteando los grandes viajes este verano. La situación geopolítica y el incierto clima económico hacen dudar a muchos. En su lugar, los destinos cercanos, dentro de España o en Europa, están ganando posiciones. Y no es solo una percepción generalizada. Según datos de la plataforma de viajes Evaneos, la demanda para este verano por parte de los españoles se centra mucho más en países cercanos como Suiza, Letonia, Irlanda o nuestro vecino Portugal.
Y aunque muchos españoles conocen bien el país vecino, todavía quedan numerosos rincones capaces de sorprender incluso a quienes han cruzado la frontera en varias ocasiones más allá de las postales habituales de Lisboa, Oporto o el Algarve. Y es que se trata de un destino que alberga muchos tipos de viaje distintos: escapadas urbanas, itinerarios en la naturaleza, surf, turismo enológico, inmersión cultural o vacaciones junto al mar. Ideal para quienes buscan un destino accesible pero con una cierta sensación de escapada: otro idioma, otra gastronomía, otro mar.
La diversidad es, precisamente, una de las grandes fortalezas de este país. Parejas, familias, aficionados al senderismo, amantes de la gastronomía o viajeros que buscan desconectar encuentran aquí un sinfín de propuestas a medida.
“Portugal ocupa una posición única en el sur de Europa. Los viajeros se sienten atraídos por su combinación de costa, patrimonio, gastronomía, naturaleza y estilo de vida relajado, todo ello a distancias relativamente cortas que permiten combinar diferentes experiencias en un mismo viaje”, explica Aurélie Sandler, co-CEO de Evaneos. “Además, también estamos observando un creciente interés por experiencias más lentas y locales, especialmente fuera de la temporada alta de julio y agosto”.
Algunos ejemplos de estas regiones menos conocidas pueden ser los valles del centro del país, las ciudades históricas del norte, como Amarante o Lamego o la infinidad de calas de su atlántica costa donde los turistas son poco más que una anécdota. Y no podemos dejar de mencionar Madeira y las Azores, aunque ellas merecen un viaje aparte.
El Alentejo, un Portugal que aún guarda secretos
Una de las zonas todavía menos visitadas de Portugal es la región del Alentejo, todo un compendio de la riqueza del país (pueblecitos ideales, montaña, hermosas playas) sin la atracción masiva de las archiconocidas postales.
Mientras las playas del Algarve siguen concentrando buena parte de la atención internacional, el interior alentejano se mantiene fiel a sus ritmos pausados. Aquí no hay grandes aglomeraciones ni listas interminables de lugares imprescindibles. Lo que hay son extensos paisajes ondulados, viñedos que se pierden en el horizonte, pueblos encalados que parecen detenidos en el tiempo y una relación muy estrecha con las tradiciones locales. Localidades como Porto Covo o Vila Nova de Milfontes ofrecen una experiencia muy distinta a la de otros destinos costeros más populares. Aquí predominan los senderos junto al océano, el surf, los restaurantes familiares y una sensación de calma cada vez más difícil de encontrar en pleno verano europeo.
Y, si bien hay multitud de actividades a disposición de los viajeros que saben encontrarlas, desde rutas del vino a caminatas en la naturaleza, pasando por mercados de artesanía y una cocina propia y absolutamente disfrutable, también es cierto que la experiencia en esta región no consiste tanto en hacer como en estar. Sentarse en una terraza al caer la tarde, recorrer pequeñas carreteras secundarias o conversar con productores locales forman parte de un viaje donde el tiempo parece avanzar a otra velocidad.
“Portugal ofrece una diversidad extraordinaria de ambientes y territorios que todavía permanecen relativamente desconocidos para muchos viajeros”, señala la responsable de Evaneos. “El Alentejo es uno de los mejores ejemplos de esta riqueza”.
Y sí, tiene playa. De hecho, la costa alentejana se ha convertido en una de las recomendaciones más recurrentes entre los especialistas en viajes. A poco más de una hora de Lisboa, este tramo del litoral atlántico combina largas playas salvajes, pequeños pueblos pesqueros y espacios naturales prácticamente intactos. Algo para no perderse es la ruta Rota Vicentina, que permite descubrir algunos de los paisajes costeros más espectaculares de la península ibérica sin necesidad de compartir espacio con grandes multitudes.
Y también montaña: Serra da Estrela es otra de las grandes revelaciones del país. Situada en el centro de Portugal, esta región ofrece una imagen muy distinta de la que habitualmente se asocia al destino. Valles verdes, aldeas históricas, tradiciones pastoriles y una gastronomía contundente dibujan un escenario ideal para quienes buscan naturaleza y tranquilidad, y acercarse a una forma de vida que ha cambiado poco con el paso de las décadas. Porque es precisamente esta autenticidad la que está impulsando el interés por regiones del interior portugués.
Viaja, y come, como un portugués
Más allá de todos estos -y muchos otros- paisajes, gran parte del encanto de Portugal reside en su forma de vivir. Se trata de una cultura donde la gastronomía ocupa un lugar central y donde la hospitalidad sigue siendo uno de los rasgos más valorados por quienes visitan el país. Y esa hospitalidad pasa por la comida, todo un ritual y un estilo de vida difícilmente comparable a otros destinos europeos. “Muchos viajeros llegan atraídos por el sol y la cultura, pero terminan enamorándose de la comida”, resume Tiago Filipe, agente local de Evaneos desde hace más de una década. Para él, una de las mejores formas de conectar con el país es participar en experiencias cotidianas que los portugueses practican con asiduidad: asistir a una cena de fado, realizar una clase de cocina tradicional o recorrer los mercados y tabernas locales a través de rutas gastronómicas.
Y es que la cocina portuguesa va mucho más allá del popular pastel de nata. Desde el leitão de la región de Bairrada hasta la chanfana del centro del país, pasando por los arroces marineros de la costa o los pescados a la brasa de localidades como Sesimbra, Peniche o Setúbal, la gastronomía constituye una auténtica puerta de entrada a la cultura local.
Así, frente a una Europa cada vez más condicionada por la masificación turística, Portugal demuestra que todavía es posible viajar despacio, conversar con los habitantes de los lugares que visitamos y encontrar espacios donde la autenticidad sigue siendo parte de la vida cotidiana.
Quizá, por tanto, la mayor virtud de Portugal sea su capacidad para seguir sorprendiendo. Porque a veces el mejor viaje no consiste en llegar más lejos, sino en mirar de otra manera un destino que creíamos conocer. Y Portugal, este verano, invita precisamente a eso.
